Fue así: yo estaba escribiendo un cuento sobre una Princesa. Las princesas, ya se sabe, son lindas, tienen hermosos vestidos y, en general, son un poco tontas. La Princesa de mi cuento había sido raptada por un espantoso Ogro. El Ogro había llevado a la Princesa hasta su casa-cueva. La tenía atada a una silla y en ese momento estaba cortando leña: pensaba hacer “princesa al horno con papas”. Las papas ya las tenía peladas.

Es decir había que salvar a la Princesa. 






Pero no se me ocurría cómo salvarla. El cuento estaba estancado en ese punto: el Ogro dele y dele cortar leña y la Princesa, pobrecita, temblando de miedo. Me puse nervioso. Más todavía cuando el Ogro terminó de cortar, acarreó la leña hasta la cocina y empezó a echarla al fuego. En cualquier momento dejaría de echar leña y acomodaría a la Princesa en la enorme fuente que estaba a su lado. Agregaría las papas, un poco de sal, y zas, ¡al horno! ¿Qué hacer?

Se me ocurrió buscar en la guía telefónica. Descarté llamar a la policía (en las películas y en los cuentos la policía siempre llega tarde); tampoco quise llamar a un detective (no soporto que fumen en pipa en mis cuentos). Por fin, encontré algo que me podía servir:


“Rubinatto, Atilio, personaje de cuentos. TE 363-9569”

-Hola, ¿hablo con el señor Atilio Rubinatto?

-Sí, señor, con el mismo.

-Mire, yo lo llamaba… en fin, por la Princesa…

-¿Qué le pasa? ¿Está triste?

-Sí, más que triste.

-¿Qué tendrá la Princesa?

-La van a hacer al horno.

-¿Al horno?

-Sí, con papas.

-¿Quién?

-¿Quién qué?

-¿Quién la va a cocinar?

-El Ogro, ¿quién va a ser?

-Pero mire un poco. ¡Las cosas que pasan! Y uno ni se entera. Ya no se puede salir a la calle. Adónde iremos a parar. Casualmente, hoy le comentaba a un amigo que…

-Escúcheme, Rubinatto.

-Sí.

-Lo que yo necesito es que usted participe en el cuento.

-¿Qué cuento?

-En el que estoy escribiendo. Quiero que usted haga de héroe que salva a la Princesa.

-Bueno, no le niego que la oferta es interesante, pero, en fin, últimamente estoy muy ocupado. Tengo trabajo atrasado…

-¿Trabajo atrasado?

-Claro. Tengo que hacer de sapo pescador que se transforma en sardina en un cuento que se llama “Malvina, la sardina bailarina”. Además, me falta repartir como treinta cartas en un cuento donde hago de “viejo cartero bondadoso”. Es un personaje muy lindo, todos los chicos lo quieren…

-¿Piensa dejar que el Ogro se coma a la Princesa? Usted no tiene sentimientos. Es un monstruo.

-Ya le digo, ando muy ocupado. No sé, si me hubiera avisado con tiempo, lo hacía gustoso… Llámeme en otro momento.

-¡Qué otro momento! Si esperamos un minuto más, chau Princesita. Rubinatto, usted no puede hacer esto, qué pensarán sus admiradores…

-Es cierto…

-Van a pensar que usted es un cobarde, un…

-Está bien, está bien. Veré qué hago. No, usted tiene que decirme qué hago, ¿qué hago?

-Y… puede hacer de vendedor de manteles. Ahí está. Listo. Usted hace de vendedor de manteles. Llega hasta la casa del Ogro. Llama a la puerta. Cuando el Ogro abre, usted le da un par de sopapos. Después desata a la Princesa y escapan… ¿qué le parece?

-¡Ni loco! ¿De vendedor de manteles? De Príncipe o nada. Y al final, después que la salvo, me caso con ella.

-No, de vendedor de manteles.

-¡De Príncipe!

-¡Vendedor de manteles!

-¡Príncipe o nada!

-Está bien, haga de Príncipe… me va a arruinar el cuento, pero por lo menos salva a la Princesa. 

Y llego en un caballo blanco y tengo una gran capa dorada.


-Sí, todo lo que quiera, pero apúrese porque si no…

-Y ahora la meto en la fuente y listo –dijo el espantoso Ogro, pellizcando el cachete de la Princesa.

En eso se escuchó que alguien gritaba fuera de la casa-cueva:

- ¡Ehh! ¿Hay alguien en la casa?

¿Quién sería? El Ogro se asomó a la ventana. Vio que del otro lado de la verja de su casa-cueva había un tipo muy extraño montado en un caballo blanco. Llevaba una capa dorada pero se notaba que se había vestido de apuro. Tenía la ropa mal puesta, la camisa afuera, una bota sin atar, y el pelo desprolijo.



-¿Qué quiere? –le preguntó el Ogro desde la ventana.

-Soy el Príncipe Atilio.

-¿Y a mí qué me importa? –contestó el maleducado del Ogro.

-Es que ando vendiendo manteles…

-Manteles, ¿eh?

-Sí. Tengo algunos en oferta que le pueden interesar. Lavables. Estampados. Confeccionados en fibras de tres milímetros. En cualquier negocio cuestan dos o tres pesos. Yo, el Príncipe Atilio, se lo puedo dejar en tres centavos.

El Ogro lo pensó. La verdad que no le venía mal un lindo mantelito. La cueva estaba hecha un asco. Y ya que se iba a dar un festín de “princesa al horno con papas”, ¿por qué no estrenar un mantelito si estaban tan baratos?

-Espere. Ya le abro –dijo por fin el Ogro.

Atilio bajó del caballo.

Acá viene la parte de las piñas.

-Tomá. Agarrá el mantel –le dijo el Príncipe Atilio.

Cuando el Ogro lo agarró, le dio una trompada que lo hizo volar exactamente 87 metros y 34 centímetros. Pero el Ogro se levantó, arrancó un sauce de más de 3.600 kilos y se lo dio por la cabeza al Príncipe. Antes de que el Ogro saltara sobre él a rematarlo, el Príncipe agarró una piedra de más o menos cuatro mil kilos y se la tiró sobre el dedito gordo del pie derecho. El Ogro la esquivó y rápidamente hizo un pozo en la tierra de un metro y medio de diámetro y diez metros de hondo, para que el Príncipe cayera adentro. 

Era una pelea muy dura.












El Príncipe, queridos lectores, desgraciadamente cayó al pozo.

El Ogro volvió contento a su casa.

Pero cuando llegó, la Princesa ya no estaba. La había desatado el caballo blanco del Príncipe. La Princesa subió al caballo y juntos fueron a sacar al Príncipe Atilio del pozo.

-Amada mía –le dijo el Príncipe Atilio desde allá abajo al reconocer el rostro angelical de la Princesa.

-Amado mío –respondió la Princesa.

-He venido a salvarte –le dijo el Príncipe.

-¡Oh! ¡Qué valiente!

-He venido por ti.

-Has venido por mí.

-Pero si no me sacas de aquí, no podré salvarte.

-Oh, si no te saco de ahí, no podrás salvarme.

-Amada mía.

-Amado mío.

-¿Por qué no se apuran un poco, che? –se quejó el caballo-. Va a venir el Ogro y este cuento no se va a terminar nunca.

Huyeron.

Se casaron, fueron felices, pusieron una venta de manteles y nunca se acordaron del Ogro.







FIN




Ricardo Mariño. Cuento con Ogro y Princesa (Serie celeste). Ilustraciones de Laura Cantón. Colección: Cuentos del Pajarito Remendado. Ediciones Colihue, 1988.
“Como no hay príncipe que salve a la princesa de que el ogro se la coma al horno, es preciso contratar a alguien que trabaja de personaje de cuentos y darle el papel de héroe. La historia no es convencional, el desarrollo tampoco y el final más o menos.”

✫¨´`'*°☆✫¨´`'*°☆

Visto y leído en: 35 cuentos para primaria

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Leímos en Revista Imaginaria:
Cuento con ogro y princesa o cómo desmontar el verosímil del género maravilloso.


LOS CUATRO INCREIBLES




EN ÉPOCAS MUY REMOTAS Y EN UN LUGAR LEJANO SUCEDIÓ QUE UN REY CAYÓ ENFERMO. PARA CURARSE, LOS MÉDICOS LE RECOMENDARON QUE ANTES DE UNA SEMANA BEBIERA AGUA DE LA GRAN
CASCADA, LO ÚNICO QUE LO PODÍA SANAR. DE NO HACERLO EN ESE TIEMPO, ASEGURARON, IRREMEDIABLEMENTE MORIRÍA.
PERO LA GRAN CASCADA ESTABA A MUCHAS JORNADAS DE CAMINO A
TRAVÉS DE LAS MONTAÑAS, POR SENDEROS INACCESIBLES PARA LOS CABALLOS Y LAS MULAS. SÓLO UN CORREDOR SUPERDOTADO PODRÍA LLEGAR HASTA ALLÍ EN EL TIEMPO REQUERIDO.
EL REY DIO A CONOCER UN BANDO, CON EL QUE MANDABA A LLAMAR
A LOS HOMBRES MÁS RÁPIDOS DEL REINO. A QUIEN REALIZARA LA HAZAÑA EN EL MENOR TIEMPO LE PROMETÍA UNA GRAN RECOMPENSA.
UNO DE LOS QUE LEYÓ EL ANUNCIO FUE GODOFREDO EL VELOZ, Y NI
BIEN TERMINÓ DE LEER SALIÓ HACIA EL CASTILLO DEL REY.
EN EL CAMINO ENCONTRÓ A UN HOMBRE QUE ESTABA DE RODILLAS EN EL SUELO, APLICANDO SU OÍDO A LA TIERRA.

–HOMBRE, ¿QUÉ ESTÁS HACIENDO? –LE PREGUNTÓ GODOFREDO.

–ESTOY ESCUCHANDO EL RUIDO QUE HACE UNA PLANTITA A PUNTO DE NACER.

–¿TAN PODEROSO ES TU OÍDO?


–¡YA LO CREO!  ME LLAMAN TODO OÍDOS.

–ENTONCES POR QUÉ NO VIENES CONMIGO AL CASTILLO. ¡EL REY ESTÁ
ENFERMO Y NOS NECESITA!

CAMINARON JUNTOS UN RATO HASTA QUE SE DETUVIERON ANTE UNA MUJER QUE ESTABA MIRANDO HACIA LAS MONTAÑAS.
–¿QUÉ ESTÁS MIRANDO? –LE PREGUNTARON.

–MIRO LA CÚSPIDE DE LA MONTAÑA: ALLÍ HAY UN ÁGUILA CUIDANDO
SU NIDO...

–¿TAN PODEROSA ES TU VISTA?

–NO ES EL ÁGUILA LA QUE ME LLAMA LA ATENCIÓN SINO UNO DE SUS
PICHONCITOS: TIENE UNA PEQUEÑA MANCHA BLANCA EN LAS PLUMITAS QUE RODEAN SU PICO.
–¡INCREÍBLE! TENDRÍAS QUE UNIRTE A NOSOTROS. EL REY ENFERMO NOS NECESITA..., ME LLAMO GODOFREDO EL VELOZ.

–Y YO SOY TODO OÍDOS.

–ACEPTO. MI NOMBRE ES TELESCÓPICA.

ANDUVIERON LOS TRES HASTA ENCONTRAR UN HOMBRE QUE ESTABA TIRANDO UNA PIEDRA.

–NO HAY NINGÚN ANIMAL POR AQUÍ. ¿A QUÉ LE ESTÁS TIRANDO? –LE
PREGUNTARON.

–TIRÉ UNA PIEDRA PARA HACERLA PEGAR EN LA CHIMENEA DE MI CASA,
QUE ESTÁ A OCHENTA CUADRAS DE AQUÍ. ES PARA AVISARLE A MI MUJER QUE EMPIECE A HACER LA COMIDA.

–¡ES CIERTO! –EXCLAMÓ TELESCÓPICA–. ESTOY VIENDO A LA PIEDRA. SE
DIRIGE A LA CHIMENE... ¡DIO EN EL BLANCO!, Y UNA MUJER SE ESTÁ PONIENDO UN DELANTAL.
–ME LLAMO PIEDRAZO. JAMÁS FALLO.
–SI TE UNES A NOSOTROS PODRÁS AYUDAR AL REY –LE DIJERON.
AL FIN LLEGARON AL CASTILLO Y OFRECIERON SUS SERVICIOS.




                                                   







NI  BIEN VIO A GODOFREDO EL VELOZ, EL REY SE DIO CUENTA DE QUE
ÉSE ERA EL HOMBRE INDICADO.
PERO TAMBIÉN SE HABÍAN OFRECIDO PARA IR A BUSCAR EL AGUA DE LA GRAN CASCADA, TÚDOR EL GIGANTE Y OSVALDA LA PEOR.




–¡YA LO CREO!  ME LLAMAN TODO–¡YA LO CREO!  ME LLAMAN TODO OÍDOS.


–ENTONCES POR QUÉ NO VIENES CONMIGO AL CASTILLO. ¡EL REY ESTÁ
ENFERMO Y NOS NECESITA!

CAMINARON JUNTOS UN RATO HASTA QUE SE DETUVIERON ANTE UNA MUJER QUE ESTABA MIRANDO HACIA LAS MONTAÑAS.
–¿QUÉ ESTÁS MIRANDO? –LE PREGUNTARON.

–MIRO LA CÚSPIDE DE LA MONTAÑA: ALLÍ HAY UN ÁGUILA CUIDANDO
SU NIDO...

–¿TAN PODEROSA ES TU VISTA?

–NO ES EL ÁGUILA LA QUE ME LLAMA LA ATENCIÓN SINO UNO DE SUS
PICHONCITOS: TIENE UNA PEQUEÑA MANCHA BLANCA EN LAS PLUMITAS QUE RODEAN SU PICO.
–¡INCREÍBLE! TENDRÍAS QUE UNIRTE A NOSOTROS. EL REY ENFERMO NOS NECESITA..., ME LLAMO GODOFREDO EL VELOZ.

–Y YO SOY TODO OÍDOS.

–ACEPTO. MI NOMBRE ES TELESCÓPICA.

ANDUVIERON LOS TRES HASTA ENCONTRAR UN HOMBRE QUE ESTABA TIRANDO UNA PIEDRA.

–NO HAY NINGÚN ANIMAL POR AQUÍ. ¿A QUÉ LE ESTÁS TIRANDO? –LE
PREGUNTARON.

–TIRÉ UNA PIEDRA PARA HACERLA PEGAR EN LA CHIMENEA DE MI CASA,
QUE ESTÁ A OCHENTA CUADRAS DE AQUÍ. ES PARA AVISARLE A MI MUJER QUE EMPIECE A HACER LA COMIDA.

–¡ES CIERTO! –EXCLAMÓ TELESCÓPICA–. ESTOY VIENDO A LA PIEDRA. SE
DIRIGE A LA CHIMENE... ¡DIO EN EL BLANCO!, Y UNA MUJER SE ESTÁ PONIENDO UN DELANTAL.
–ME LLAMO PIEDRAZO. JAMÁS FALLO.
–SI TE UNES A NOSOTROS PODRÁS AYUDAR AL REY –LE DIJERON.
AL FIN LLEGARON AL CASTILLO Y OFRECIERON SUS SERVICIOS.

NI  BIEN VIO A GODOFREDO EL VELOZ, EL REY SE DIO CUENTA DE QUE
ÉSE ERA EL HOMBRE INDICADO.
PERO TAMBIÉN SE HABÍAN OFRECIDO PARA IR A BUSCAR EL AGUA DE LA GRAN CASCADA, TÚDOR EL GIGANTE Y OSVALDA LA PEOR.




A LA MADRUGADA SIGUIENTE SALIERON LOS TRES COMPETIDORES LLEVANDO CÁNTAROS PARA TRAER AGUA DE LA GRAN CASCADA.
MUY PRONTO GODOFREDO EL VELOZ AVENTAJÓ A LOS OTROS DOS. Y EN LUGAR DE TARDAR UNA SEMANA FUE HASTA LA CASCADA EN UN RATO.
MIENTRAS REGRESABA CON UN CÁNTARO LLENO DE AGUA, ENCONTRÓ A SUS DOS ADVERSARIOS, QUE TODAVÍA NO HABÍAN RECORRIDO MÁS QUE UN CORTO TRECHO.
–¡EH! ¡UN MOMENTO! –LE GRITÓ OSVALDA LA PEOR–. YA GANASTE, TU
VELOCIDAD ES INIGUALABLE. POR QUÉ NO DESCANSAS UN POCO Y DESPUÉS RETOMAS LA CARRERA.
GODOFREDO EL VELOZ ACEPTÓ, PERO NI BIEN SE APOYÓ SOBRE UNA
PIEDRA, TÚDOR EL GIGANTE LO DURMIÓ DE UN GOLPE.


–BIEN HECHO. YA TENEMOS EL AGUA. PODEMOS REGRESAR.
–MORALEJA: MEJOR SER ASTUTO QUE RÁPIDO –DIJO OSVALDA LA PEOR, SONRIENDO DESAGRADABLEMENTE.

–ESO, ESO –LE DIO LA RAZÓN TÚDOR EL GIGANTE.
MIENTRAS TANTO, EN LAS AFUERAS DEL CASTILLO LOS AMIGOS DE GODOFREDO EL VELOZ ESPERABAN ANSIOSOS.
–ALGO PASA –DIJO TODO OÍDOS–. ESCUCHO LOS PASOS DEL GIGANTE Y DE OSVALDA. PERO CAMINAN HACIA AQUÍ. ESTÁN A UNAS CIEN CUADRAS.
–ES CIERTO. YA VEO –DIJO TELESCÓPICA–. ESOS DOS VIENEN CON UN CÁNTARO LLENO DE AGUA. ¡ES EL CÁNTARO QUE LLEVABA GODOFREDO EL VELOZ! Y UN POCO MÁS ALLÁ... A CIENTO VEINTE CUADRAS ESTÁ GODOFREDO... PARECE DORMIDO O DESMAYADO. TIENE LA CABEZA APOYADA SOBRE UNA PIEDRA.

–NO HAY PROBLEMA –DIJO PIEDRAZO–. CONSÍGANME ALGO PARA ARROJAR.

TODO OÍDOS SE QUITÓ UNA BOTA Y SE LA ALCANZÓ.
PIEDRAZO TOMÓ LA BOTA, SE ARQUEÓ HACIA ATRÁS Y LA LANZÓ.

–¡JUSTO! –EXCLAMÓ UNOS MINUTOS DESPUÉS TELESCÓPICA–. LA BOTA
PEGÓ CONTRA LA PIEDRA Y DESPERTÓ A GODOFREDO. SE ESTÁ RASCANDO LA CABEZA... AHORA PARECE HABER COMPRENDIDO LO QUE OCURRIÓ... AHÍ SALE GODOFREDO... ¡UH! YA ALCANZÓ AL GIGANTE Y A OSVALDA Y LES ARREBATÓ EL CÁNTARO, Y VIENE PARA ACÁ Y...

–¡YA LLEGÓ! –GRITARON TODOS.

EL REY BEBIÓ EL AGUA, SE CURÓ Y DIO UNA RECOMPENSA A GODOFREDO.


NO ERA MUCHO: LOS REYES SUELEN SER TACAÑOS Y CREEN QUE LA GENTE QUEDA SATISFECHA SÓLO CON CONOCERLOS. AL MENOS ALCANZÓ PARA COMPRAR UNA NUEVA BOTA PARA TODO OÍDOS. DESPUÉS RECORDARON QUE LA ESPOSA DE PIEDRAZO TENÍA LISTA LA COMIDA Y SE FUERON A FESTEJAR EL HABERSE ENCONTRADO, CON UNA BUENA COMILONA. OÍDOS.


–ENTONCES POR QUÉ NO VIENES CONMIGO AL CASTILLO. ¡EL REY ESTÁ
ENFERMO Y NOS NECESITA!

CAMINARON JUNTOS UN RATO HASTA QUE SE DETUVIERON ANTE UNA MUJER QUE ESTABA MIRANDO HACIA LAS MONTAÑAS.
–¿QUÉ ESTÁS MIRANDO? –LE PREGUNTARON.

–MIRO LA CÚSPIDE DE LA MONTAÑA: ALLÍ HAY UN ÁGUILA CUIDANDO
SU NIDO...

–¿TAN PODEROSA ES TU VISTA?

–NO ES EL ÁGUILA LA QUE ME LLAMA LA ATENCIÓN SINO UNO DE SUS
PICHONCITOS: TIENE UNA PEQUEÑA MANCHA BLANCA EN LAS PLUMITAS QUE RODEAN SU PICO.
–¡INCREÍBLE! TENDRÍAS QUE UNIRTE A NOSOTROS. EL REY ENFERMO NOS NECESITA..., ME LLAMO GODOFREDO EL VELOZ.

–Y YO SOY TODO OÍDOS.

–ACEPTO. MI NOMBRE ES TELESCÓPICA.

ANDUVIERON LOS TRES HASTA ENCONTRAR UN HOMBRE QUE ESTABA TIRANDO UNA PIEDRA.

–NO HAY NINGÚN ANIMAL POR AQUÍ. ¿A QUÉ LE ESTÁS TIRANDO? –LE
PREGUNTARON.

–TIRÉ UNA PIEDRA PARA HACERLA PEGAR EN LA CHIMENEA DE MI CASA,
QUE ESTÁ A OCHENTA CUADRAS DE AQUÍ. ES PARA AVISARLE A MI MUJER QUE EMPIECE A HACER LA COMIDA.

–¡ES CIERTO! –EXCLAMÓ TELESCÓPICA–. ESTOY VIENDO A LA PIEDRA. SE
DIRIGE A LA CHIMENE... ¡DIO EN EL BLANCO!, Y UNA MUJER SE ESTÁ PONIENDO UN DELANTAL.
–ME LLAMO PIEDRAZO. JAMÁS FALLO.
–SI TE UNES A NOSOTROS PODRÁS AYUDAR AL REY –LE DIJERON.
AL FIN LLEGARON AL CASTILLO Y OFRECIERON SUS SERVICIOS.

NI  BIEN VIO A GODOFREDO EL VELOZ, EL REY SE DIO CUENTA DE QUE
ÉSE ERA EL HOMBRE INDICADO.
PERO TAMBIÉN SE HABÍAN OFRECIDO PARA IR A BUSCAR EL AGUA DE LA GRAN CASCADA, TÚDOR EL GIGANTE Y OSVALDA LA PEOR.
A LA MADRUGADA SIGUIENTE SALIERON LOS TRES COMPETIDORES LLEVANDO CÁNTAROS PARA TRAER AGUA DE LA GRAN CASCADA.
MUY PRONTO GODOFREDO EL VELOZ AVENTAJÓ A LOS OTROS DOS. Y EN LUGAR DE TARDAR UNA SEMANA FUE HASTA LA CASCADA EN UN RATO.
MIENTRAS REGRESABA CON UN CÁNTARO LLENO DE AGUA, ENCONTRÓ A SUS DOS ADVERSARIOS, QUE TODAVÍA NO HABÍAN RECORRIDO MÁS QUE UN CORTO TRECHO.
–¡EH! ¡UN MOMENTO! –LE GRITÓ OSVALDA LA PEOR–. YA GANASTE, TU
VELOCIDAD ES INIGUALABLE. POR QUÉ NO DESCANSAS UN POCO Y DESPUÉS RETOMAS LA CARRERA.
GODOFREDO EL VELOZ ACEPTÓ, PERO NI BIEN SE APOYÓ SOBRE UNA
PIEDRA, TÚDOR EL GIGANTE LO DURMIÓ DE UN GOLPE.
–BIEN HECHO. YA TENEMOS EL AGUA. PODEMOS REGRESAR.
–MORALEJA: MEJOR SER ASTUTO QUE RÁPIDO –DIJO OSVALDA LA PEOR, SONRIENDO DESAGRADABLEMENTE.

–ESO, ESO –LE DIO LA RAZÓN TÚDOR EL GIGANTE.
MIENTRAS TANTO, EN LAS AFUERAS DEL CASTILLO LOS AMIGOS DE GODOFREDO EL VELOZ ESPERABAN ANSIOSOS.
–ALGO PASA –DIJO TODO OÍDOS–. ESCUCHO LOS PASOS DEL GIGANTE Y DE OSVALDA. PERO CAMINAN HACIA AQUÍ. ESTÁN A UNAS CIEN CUADRAS.
–ES CIERTO. YA VEO –DIJO TELESCÓPICA–. ESOS DOS VIENEN CON UN CÁNTARO LLENO DE AGUA. ¡ES EL CÁNTARO QUE LLEVABA GODOFREDO EL VELOZ! Y UN POCO MÁS ALLÁ... A CIENTO VEINTE CUADRAS ESTÁ GODOFREDO... PARECE DORMIDO O DESMAYADO. TIENE LA CABEZA APOYADA SOBRE UNA PIEDRA.

–NO HAY PROBLEMA –DIJO PIEDRAZO–. CONSÍGANME ALGO PARA ARROJAR.

TODO OÍDOS SE QUITÓ UNA BOTA Y SE LA ALCANZÓ.
PIEDRAZO TOMÓ LA BOTA, SE ARQUEÓ HACIA ATRÁS Y LA LANZÓ.

–¡JUSTO! –EXCLAMÓ UNOS MINUTOS DESPUÉS TELESCÓPICA–. LA BOTA
PEGÓ CONTRA LA PIEDRA Y DESPERTÓ A GODOFREDO. SE ESTÁ RASCANDO LA CABEZA... AHORA PARECE HABER COMPRENDIDO LO QUE OCURRIÓ... AHÍ SALE GODOFREDO... ¡UH! YA ALCANZÓ AL GIGANTE Y A OSVALDA Y LES ARREBATÓ EL CÁNTARO, Y VIENE PARA ACÁ Y...

–¡YA LLEGÓ! –GRITARON TODOS.

EL REY BEBIÓ EL AGUA, SE CURÓ Y DIO UNA RECOMPENSA A GODOFREDO.

NO ERA MUCHO: LOS REYES SUELEN SER TACAÑOS Y CREEN QUE LA GENTE QUEDA SATISFECHA SÓLO CON CONOCERLOS. AL MENOS ALCANZÓ PARA COMPRAR UNA NUEVA BOTA PARA TODO OÍDOS. DESPUÉS RECORDARON QUE LA ESPOSA DE PIEDRAZO TENÍA LISTA LA COMIDA Y SE FUERON A FESTEJAR EL HABERSE ENCONTRADO, CON UNA BUENA COMILONA.